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REPORTAJE ANTERIOR ELEGIDO...
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De Madrid al cielo o a París
LOS ANTICUARIOS SE MUEVEN
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¿Quién decía que los anticuarios no se esfuerzan en buscar otros caminos alternativos a las ferias nacionales o a la profunda tranquilidad de sus tiendas, donde algunos -dicen- tienen contadas hasta las pequeñas telas de araña?.¿Quién dice que ser anticuario es sinónimo de una indolencia impuesta por la aparente lentitud de este tipo de negocios?.
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Aquí, el que se queda atrás es porque quiere. Ha surgido el lema de renovarse o morir. Una cantidad cada vez mayor de anticuarios nacionales salen a vender fuera de nuestras fronteras. Ya era hora de que se conociera fuera de España y de una manera tangible el verdadero nivel de nuestros buenos profesionales. Unos mejores que otros, pero muchos con un nivel internacional digno de elogio. Poco importa el motivo último por el que hayan decidido dar el paso. El hecho es que están ahí.
PARIS

Sin ir más lejos, el próximo mes de Septiembre se va a celebrar, en París, el III Salón del Coleccionista. Es una prestigiosa cita a la que cada vez acuden más anticuarios españoles. Codosero, Lorenzo Martínez, Theotocópoulos, Linares, Helena Mola y Concha Barrios. Van a estar allí, haciendo frente al siempre pesado y previo papeleo burocrático a través de Cultura y discerniendo entre uno u otro tipo de cliente para facturar según la distinta legislación a aplicar. ¿Son los buenos reflejos de salidas hacia delante como consecuencia de la ralentización de los mercados?. Bienvenida sea la reacción.
¿Quién decía que los anticuarios no procuran hacer cosas nuevas?. En esto, la capital de España está de actualidad. De Madrid al Cielo o, al menos, a París.
BRANDI
Sin ánimo de ser exhaustivo, hemos podido ir, entre otras, a la gran fiesta anual de las galerías Piquer, donde nos han recordado que están ahí renovándose día a día con el impulso organizador, el talento de La Gazza Ladra y, por ejemplo, la sorprendente aparición estelar del anticuario indio Popli -el famoso Popli de los pedruscos- con su nuevo local "Singing Bell", su pulcritud y su peinadísimo pelo blanco.
En el barrio de Salamanca, podríamos haber sido invitados por Claudio Brandi y Concha Barrios a disfrutar de su magnífica exposición y a escuchar, al mismo tiempo, las exquisiteces interpretadas por un cuarteto de cuerda de la Comunidad de Madrid en vivo y en directo. No fue así. En todo caso, lo más interesante es la muestra, que sigue hasta el final de temporada bajo el título genérico de "Una Herencia Eterna" y subtitulada "Caprichos, figuras, floreros y bodegones para el coleccionista de hoy". El visitante, dice Giancarlo Sestieri, podrá pasar directamente del examen de un cuadro del siglo XVI a otro del XVIII, de los maestros italianos a otros españoles o franceses o, en fin, de las figuras a las arquitecturas o a los paisajes para terminar en las naturalezas muertas.
MARITA Y CAYLUS

En la galería de Marita Segovia podemos ver todas sus antigüedades y al fondo de su amplio local tenemos la oportunidad de cambiar de tema radicalmente con dos buenas exposiciones de los pintores contemporáneos Manuel Moldes y de Atilio Manzi. El acercamiento perfecto y respetuoso entre las antigüedades y el arte actual o -si alguien no está de acuerdo- el paso físico obligado por las antigüedades para llegar a lo moderno.
En todo caso, sería un desperdicio faltar a la cita más importante, en la tienda de los Caylus. "¿Qué significa Caylus, papá?, preguntaba durante el almuerzo una chica de abolengo algo interesada por el arte. "Muy fácil -responde- la "c" y la "a" es por mi amigo Enrique Calderón. La "y" da paso al apellido o nombres de sus socios. Por cierto, a estos chicos se les ha subido los de Maastricht a la cabeza. ¡Mira que organizar una exposición y llamarla El Siglo de Caylus!". Luego murmuró algo así como "quien más, quien menos muchos procuramos convertir nuestra vida en una hagiografía y... ellos dominan el XVIII" (sic). La historia no termina ahí. Seguiremos revelando el pecado, pero no la identidad de los pecadores.
CARLOS III
Si alquien quiere conocer los detalles acerca del nombre Caylus, puede pagar los quince euros por el catálogo, que es bueno. Esto es pura anécdota: no el dinero, el nombre. Lo que no es banal se refiere a las más de cuarenta obras de esta exposición que también constituye un singular y abreviado panorama del arte de la pintura española e italiana del siglo XVIII reunido con criterios propios de un coleccionista, como dice Delfín Rodríguez, quien destaca las pinturas de Tiépolo, Corrado Giaquinto y Mengs, los tres trabajando para España en tiempos de Carlos III, sin olvidar "la letra con sangre entra", de Goya, a quien poco le hubiera imortado la incomprensión hacia él por parte de Pedro Madrazo, también presente en esta muestra, que preocupa a Delfín.
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